
Fotograma de la película 'Warfare'. Imagen cedida por A24 / Agencia EFE.
Warfare, dirigida por Alex Garland y codirigida por el ex marine Ray Mendoza, es una película de guerra de lo más inusual y diferente. Basada en las experiencias reales de Mendoza durante la emboscada de Ramadi (Irak, abril de 2006), la cinta renuncia a los códigos del cine bélico convencional para ofrecernos algo más primitivo, no tanto una historia, sino una experiencia.
La cámara como un soldado más
La fotografía es realista, bruta, y te traslada al lugar. Los planos son muy cortos, a ras de suelo, cerca de los protagonistas, apenas hay planos generales. Esa cercanía, sumada a la sensación de plano secuencia continuo (aunque en realidad esté editado para sentirse como un flujo ininterrumpido), provoca una sensación de claustrofobia. La cámara nunca se aleja, nunca anticipa, nunca muestra lo que el protagonista no ve. A veces se mancha de polvo o sangre. Ray Mendoza insistió en que el equipo de cámara se moviera como un miembro más del equipo SEAL, renunciando a la vista de pájaro del cine bélico clásico. La acción transcurre dentro (o alrededor) de una vivienda familiar que se convierte en un laberinto de habitaciones, escaleras y azoteas que la cámara nunca domina del todo. Ese espacio doméstico violado, convertido en ratonera, simboliza la guerra irrumpiendo en lo más íntimo.
| Fotograma de la película 'Warfare'. Foto por Murray Close / Cortesía de A24. |
El sonido como protagonista
El sonido es bastante protagonista aquí, reforzado por los silencios y la espera. Más allá del estruendo, hay detalles casi obsesivos, como el crepitar de la radio, el roce de la ropa, la respiración, los cristales al pisarlos. La mezcla sonora resulta agotadora, envolvente. En varios momentos, tras una explosión cercana, el sonido se apaga y solo queda un pitido agudo, imitando la sordera temporal real. Ese efecto busca el aislamiento extremo dentro del caos. El juego con la espera está muy bien logrado y, a pesar de no salir nunca del mismo espacio, la película no se hace ni larga ni aburrida.
Antiheroísmo y vulnerabilidad masculina
Warfare es una película antiheroica. Realmente no hay música grandilocuente ni héroes. Se ve el sudor, el nerviosismo y el miedo de los protagonistas. No es la típica hermandad de guerra estoica, los soldados lloran, entran en pánico, piden a su madre, cometen errores. La película retrata la vulnerabilidad masculina sin discursos, solo mediante la acción y el agotamiento físico. El elenco (D'Pharaoh Woon-A-Tai, Will Poulter, Cosmo Jarvis, Kit Connor, entre otros) pasó por un intenso campamento de entrenamiento militar para moverse, comunicarse y reaccionar auténticamente como un equipo SEAL. Ese vínculo forzado hace que las reacciones parezcan reales. Las interpretaciones son buenas y el elenco cumple con creces.
La "no política" como declaración
Muchos críticos han debatido si la ausencia casi total de contexto (no sabes por qué están ahí, no hay villanos discurseando) es una virtud inmersiva o una forma de evitar pronunciarse sobre Irak. Pero la película toca la guerra desde el compañerismo, la brutalidad y el realismo. Apenas ves a los insurgentes como personas, muchas veces son sombras, fogonazos, ruidos. En cambio, la familia iraquí atrapada en la casa tiene rostro, miedo y humanidad. El nombre Warfare resume toda esta intención, es una forma directa y seca de llamar a la película y de mostrar una guerra, la vida de las personas que la viven. No tanto de un conflicto concreto, sino de la vivencia de esos hombres que están en constante alerta y combate. Podría trasladarse esa historia a otro sitio, con otros personajes, y tendría el mismo sentido y objetivo.
El tránsito del trauma a la creación
Ray Mendoza no solo estuvo allí, resultó gravemente herido en esa misma misión, lo que explica su conexión visceral con el material. Su proceso de sanación y su decisión de convertir su peor recuerdo en película añade una capa de profundidad: ¿fue catarsis, denuncia muda, homenaje a sus compañeros? Garland (Ex Machina, Civil War) aporta su mirada fría y sensorial, Mendoza pone la verdad incómoda de quien estuvo ahí. El resultado es una experiencia sensorial antes que historia. Es muy sensorial y te mete en las botas de un soldado.
Conclusión
Warfare no ofrece discursos políticos evidentes, simplemente te mete en la experiencia sensorial y emocional de esos hombres. Es una experiencia antes que historia, todo en presente, estar allí. Y en esa renuncia a explicar, en esa inmersión brutal y claustrofóbica, encuentra su fuerza. Porque a veces, para entender la guerra, no hace falta que te la cuenten, basta con que te la hagan sentir.
| Fotograma de la película 'Warfare'. Imagen por cortesía de A24. |
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