| Fotograma del cortometraje "Listen" |
Listen es un cortometraje que te atrapa desde el primer segundo. Cuenta la historia de una mujer que acude a una comisaría a pedir ayuda, pero lo que debería ser un espacio de protección se convierte en un lugar donde nadie parece escucharla de verdad.
Lo primero que me llamó la atención fue la iluminación. Todo está bañado por una luz fría, con tonos verdes y negros que crean una atmósfera deprimente e intimidante. No hay un solo rincón cálido en esa comisaría, y eso ya te dice que allí dentro no hay esperanza para nadie. El verde me transmitió justo eso, no hay salida para esta mujer.
El sonido también juega un papel clave. A veces subtitulan lo que se dice y otras veces no, y cuando no lo hacen te quedas fuera, igual que la protagonista. Es una forma de colocarte en su piel sin que te des cuenta. El diálogo es mayoritariamente referencial, nos cuenta un conflicto que ya ha pasado, que no vemos pero que nos imaginamos, y mientras tanto el conflicto real está pasando delante de nosotros: la incomunicación total entre las personas que están en esa sala.
Los planos son cortos, muy cerrados, y generan un agobio constante. La cámara te encierra igual que los personajes están encerrados en su propia impotencia. La repetición de la escena, viéndola desde distintos puntos de vista, es como ver desde perspectivas diferentes pero sin llegar a ver la narrativa completamente. Eso es lo que hace que tengas la información fragmentada, lo que nos ayuda a entender el malentendido y la incomunicación que sufren los personajes.
Lo que más me impactó fue la comunicación no verbal y las cuatro perspectivas. Está la mujer con el velo que le cubre todo el cuerpo incluida la cara, mirándonos de frente. Está la mujer con hiyab que la observa fijamente mientras habla, con todo su cuerpo diriga a ella. Está el hombre que no la mira y cuyo cuerpo ni siquiera se dirige hacia ella.Y luego está la cuarta figura, una mujer que en un principio observa desde un segundo plano, como nosotros. La posición de cada personaje indica una personalidad que al principio parece una cosa y luego resulta ser otra: pensábamos que el aliado era uno y al final no lo es. Pero todo depende desde qué perspectiva lo veas.
El corto te hace dudar constantemente. Lo que en un principio parecía una manipulación contra la mujer vulnerable te deja con una pregunta en el aire: ¿y si en realidad fuera un acto de protección desesperado? La estructura nos obliga a revisar nuestros prejuicios.
Un momento que refleja perfectamente esas dudas que te provoca el corto, es el momento en el que el niño, el hijo de la mujer pidiendo ayuda, llama finalmente a su padre. Es una decisión narrativa muy inteligente, ya que cierra el círculo de la impotencia que recorre el corto. Después de todo el esfuerzo de la madre por pedir ayuda, después de la repetición de la escena y de ver el malentendido desde todos los ángulos, el niño, con un simple gesto, devuelve a la historia al punto de partida. Y lo peor es que no podemos culparle. Es un niño. Los culpables son los adultos que no supieron escuchar.
Un detalle que me pareció muy potente es cómo empieza. Primero escuchamos la voz de la mujer y luego vemos su cara cubierta por el velo. Esa imagen es impactante, te interpela directamente. Me recordó un poco a las fotografías de Shirin Neshat, donde el cuerpo velado y la mirada se convierten en un territorio político.
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| Fotografía de Shirin Neshat. |

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